Asiento diferencial en un ascensor exterior: diagnóstico, criterios de intervención y consolidación del terreno mediante resina expansiva por Geonovatek

La grieta que separa progresivamente un ascensor exterior del edificio principal no siempre es un problema de la estructura. En el caso de la Escuela de Vela de Burriana, la causa estaba dos metros bajo la losa: un terreno costero poco compacto que había perdido su capacidad portante. Análisis del diagnóstico y de la solución adoptada.

Equipo técnico de GEONOVATEK   ·   Escuela de Vela de Burriana, Castellón

El edificio de la Escuela de Vela de Burriana. El ascensor exterior, adosado a la fachada, presentaba una separación progresiva respecto al cuerpo principal.

Hay un tipo de patología que genera mucha incertidumbre en el trabajo de campo: la grieta que aparece en la junta entre un ascensor exterior y el edificio al que se adosa. La primera lectura suele apuntar a un problema constructivo —una junta mal ejecutada, un sellado que ha fallado— y en consecuencia se repara la grieta. Pero la grieta vuelve. Siempre vuelve. Y cada vez es un poco mayor.

Cuando eso ocurre, hay que ir más abajo. Literalmente. La causa no está en la junta ni en el cerramiento, sino en el terreno sobre el que descansa la cimentación del ascensor. Y esa diferencia de diagnóstico lo cambia todo: el tipo de intervención, el plazo, el coste y, sobre todo, la garantía de que el problema no reaparezca.

El caso que documentamos aquí se produjo en el edificio de la Escuela de Vela de Burriana, en Castellón, y es un buen ejemplo de lo que ocurre cuando una estructura anexa, cimentada superficialmente, convive con un edificio principal que apoya en profundidad, sobre terreno firme, en un entorno costero de suelo poco competente. Para entender el mecanismo general, es útil consultar qué factores causan un asentamiento del terreno y cómo evoluciona si no se actúa sobre la causa.

El escenario: dos cimentaciones, un mismo edificio, comportamientos distintos

La estructura del cuerpo del ascensor estaba formada por muros portantes de hormigón armado de 25 centímetros de espesor, apoyados sobre una losa de cimentación de 2,70 × 2,80 metros en planta y 55 centímetros de canto. Una solución correcta para las cargas que transmitía la estructura. El problema no estaba en el diseño de la cimentación, sino en lo que había debajo de ella.

El edificio principal, en cambio, tenía una cimentación profunda mediante pilotes. Eso significa que sus cargas se transmiten a estratos competentes situados varios metros por debajo de la superficie, al margen de lo que ocurra en los primeros metros de terreno. Una ventaja decisiva en un solar costero como este.

La grieta recorre toda la junta entre el cuerpo del ascensor y la fachada, con apertura progresiva desde la base hasta la coronación.

El estudio geotécnico completó el cuadro. La secuencia estratigráfica hasta los 16 metros de profundidad mostraba rellenos superficiales, alternancia de arenas y gravas, y capas de arcilla de baja compactación y alta deformabilidad. El nivel freático aparecía a tan solo 1,35 metros respecto a la rasante. En ese contexto, cualquier cimentación superficial trabaja sobre un material que puede perder capacidad portante ante variaciones de humedad, fluctuaciones del freático o simplemente bajo el efecto continuado de las cargas.

La conclusión técnica fue directa: el terreno bajo la losa del ascensor había sufrido un asiento diferencial. La cimentación había perdido parte de su plano de apoyo y se estaba «descolgando», arrastrando consigo el cuerpo del ascensor hacia el exterior. La grieta perimetral no era el problema: era la consecuencia visible de un movimiento que seguía activo.

“La grieta no era el problema. Era la consecuencia visible de un movimiento que seguía activo bajo la losa.”

Criterios para elegir la técnica de intervención

Ante un asentamiento diferencial de este tipo, las alternativas técnicas más habituales son el recalce mediante micropilotes, el recalce tradicional por bataches o la consolidación del terreno mediante inyecciones de resina expansiva. Cada una tiene sus indicaciones, y elegir correctamente requiere evaluar varios factores a la vez.

En este caso había condicionantes que acotaban bastante las opciones. El entorno húmedo —con el freático a menos de metro y medio— dificultaba cualquier excavación junto a la cimentación. Trabajar a cielo abierto en esas condiciones habría supuesto aumentar el riesgo de inestabilidad en la propia zona afectada. Además, el objetivo era intervenir sin paralizar el ascensor más tiempo del estrictamente necesario ni afectar al pavimento perimetral ni al funcionamiento del edificio.

Por eso se optó por la inyección de resina expansiva HDR300®: una técnica que actúa directamente sobre el subsuelo, a través de perforaciones de diámetro mínimo practicadas en la propia losa, sin necesidad de excavar ni de introducir maquinaria pesada en el entorno. La clave es que la resina no solo rellena huecos, sino que compacta el terreno circundante y le devuelve capacidad portante —algo especialmente relevante en arcillas blandas con presencia de agua.

La separación entre la losa y el terreno se documentó y midió antes de iniciar la intervención, como parte del proceso de diagnóstico.

La intervención: consolidación mediante resina expansiva HDR300®

La ejecución comenzó con la realización de perforaciones de entre 18 y 26 milímetros de diámetro, atravesando la losa de cimentación hasta alcanzar el terreno situado bajo su plano de apoyo. El diámetro reducido de las perforaciones evita pérdidas de sección significativas en el hormigón y permite trabajar prácticamente en cualquier punto de la losa.

A través de esas perforaciones se introdujeron las lanzas de inyección y se inyectó la resina HDR300® en estado líquido. Al entrar en contacto con el subsuelo, la resina experimenta una reacción química exotérmica que multiplica su volumen entre 15 y 20 veces en pocos segundos. En arcillas blandas y materiales poco compactos, ese proceso de expansión compacta el terreno, desplaza el agua intersticial, rellena microvacíos y huecos, e incrementa la resistencia del suelo en todo el bulbo de presiones bajo la cimentación.

Todo el proceso se monitorizó en tiempo real mediante sensores láser de alta precisión situados sobre la losa. La lectura clave es la aparición de una micro-elevación controlada de la estructura: en el momento en que los sensores registran ese movimiento ascendente —hablamos de fracciones de milímetro—, queda técnicamente confirmado que el terreno ha recuperado la rigidez necesaria y que la cimentación vuelve a tener un apoyo efectivo y uniforme. Ese punto marca el final de la inyección en cada zona.

FICHA TÉCNICA DEL CASO 

Ubicación  Escuela de Vela, Burriana (Castellón)

Estructura afectada  Cuerpo del ascensor exterior

Cimentación  Losa armada 2,70 × 2,80 m · canto 55 cm

Patología  Asiento diferencial · separación progresiva respecto al edificio principal

Perfil geotécnico  Rellenos, arenas, gravas y arcillas poco compactas hasta 16 m

Nivel freático  A 1,35 m respecto a la rasante

Cimentación edificio  Pilotes (apoya en profundidad · no afectado)

Técnica ejecutada  Inyección de resina expansiva HDR300®

Diámetro perforación  18 – 26 mm a través de la losa

Expansión de la resina  15 – 20 veces su volumen inicial

Control de ejecución  Monitorización láser en tiempo real

Resultado

Una vez estabilizado el terreno y recuperada la capacidad portante bajo la losa, los movimientos diferenciales cesaron. Con el origen del problema resuelto, se procedió al sellado técnico y acabado de la grieta perimetral. El ascensor volvió a su posición de trabajo con la garantía de que el terreno ya no seguiría cediendo.

Junta reparada una vez consolidado el terreno. El acabado restituyó el aspecto original del encuentro entre ambas estructuras.

La intervención se ejecutó sin excavaciones junto a la cimentación, sin maquinaria pesada y sin interrumpir el uso del edificio más allá del tiempo estrictamente necesario para las perforaciones y la inyección.

Aspectos de interés para arquitectos técnicos y proyectistas

Este caso sirve para recordar algo que en la práctica diaria a veces se pierde de vista. Cuando un ascensor exterior se separa del edificio, el primer instinto suele ser reparar la grieta. Pero si no se identifica la causa antes de intervenir, la reparación dura lo que tarda el terreno en ceder otro poco.

Hay tres lecturas que conviene extraer de este caso:

Primera. Las estructuras adosadas con cimentación superficial son especialmente vulnerables en terrenos costeros, en solares con presencia de rellenos heterogéneos o con el freático alto. El hecho de que el edificio principal no presente daños no descarta un asentamiento en el cuerpo anexo: depende de cómo esté cimentado cada elemento.

Segunda. El estudio geotécnico no es solo un documento de proyecto. En procesos de diagnóstico de patologías, revisarlo —o encargarlo cuando no existe— es el paso que decide si la intervención va a actuar sobre la causa o sobre el síntoma. En este caso fue determinante para entender por qué la losa había perdido apoyo y para dimensionar correctamente la consolidación.

Tercera. La consolidación del terreno mediante resinas expansivas no es la solución universal, pero tiene indicaciones claras: cuando hay que actuar en entornos con agua, cuando no es viable excavar junto a la cimentación, o cuando el objetivo es recuperar capacidad portante con la mínima afección posible sobre la estructura existente y el entorno. La monitorización en tiempo real durante la inyección es lo que permite controlar el resultado y parar en el punto exacto.

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Firmado por Jordi Torres – Arquitecto técnico de Geonovatek

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